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Palabras Conclusivas del gran encuentro de Movimientos
Eclesiales
fueron pronunciadas por el Fundador del MVC |
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| Roma,
3 (NE - eclesiales.org) A continuación ofrecemos el
texto de las palabras que a modo de respuesta de los movimientos y agradecimiento
dirigió en el encuentro con los Movimientos Eclesiales y las
Nuevas Comunidades D. Luis Fernando Figari, Fundador del Movimiento
de Vida Cristiana, al Papa Benedicto XVI: |
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| Beatísimo Padre: En esta fiesta de fe quiero compartir
la intensa experiencia que me produce meditar sobre aquel bello pasaje
de la Escritura que dice: “Estoy a la puerta y llamo; si alguno oye
mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaré con él
y él conmigo”. El Señor Jesús se presenta como
quien pide ser recibido. Toca respetuosamente la puerta del corazón
y pide ser admitido, para ingresar al ámbito personal. ¡Qué
humildad la del Señor! ¡Su amor misericordioso no conoce
límite! Llama insistente a la intimidad de cada uno, y pide ser
escuchado. ¡Qué fiel perseverancia! Se descubre una finalidad
escatológica, pero su dinámica empieza aquí en
esta tierra con el llamado de Jesús. Oír y abrir al Señor
es encontrarse con Él, es guardar su Palabra, es hacerse partícipe
de su amor transformante. Quien responde según lo que dice la
Virgen María en Caná, “Haced lo que Él os diga”,
escucha y obedece a Cristo, y se abre también al Padre, quien
pone su morada en él. La cena nos habla de la comunión
a la que estamos invitados, pero también del camino en comunión
y amistad con Jesús. Pienso que es una de aquellas magníficas
síntesis que nos ofrece la Escritura para alentarnos a recorrer
la senda hacia el encuentro plenificador. |
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El Verbo Eterno hecho
hombre en la Inmaculada Virgen María para redimir a los seres
humanos, viene al encuentro de cada uno para introducirnos en el maravilloso
regalo de la reconciliación, con Dios, con uno mismo, con el
prójimo, con la creación toda. Él nos llama con
amorosa insistencia a vivir la vida cristiana en cada momento, nos enseña
desde su luminosa presencia entre nosotros a ser personas |
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Cada tiempo tiene sus oscuridades; son los desafíos de esa época. Las crisis personales, la ruptura entre fe y vida, el secularismo asfixiante, el relativismo, el agnosticismo funcional, la pérdida de la identidad cristiana, la hegemonía de lo superficial y rutinario, la incomprensión de lo que significa la realización humana según Dios, nuevas y viejas ideologías y psicologismos que alejan al hombre de su senda, la masificación, las injusticias, el flagelo de la pobreza, la violencia, son todas voces que muchas veces sin saberlo están clamando por una respuesta veraz, de amor, que traiga paz y reconciliación a las personas y a los pueblos. ¡Ése es un clamor por el Señor Jesús! ¡Y es que sólo Él es la respuesta a las rupturas e inquietudes del ser humano! |
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| El Espíritu que cubrió a la Virgen en la Anunciación-Encarnación, Aquel que con la manifestación de ardientes lenguas de fuego tocó las mentes y los corazones en Pentecostés, es el mismo que ha suscitado en este tiempo una ola de movimientos eclesiales y otras comunidades de fieles para vivir la vida cristiana, para anunciar al mundo que Cristo es real, que reconcilia al hombre, que le muestra su identidad y lo invita al amor y a la comunión, a participar de la naturaleza divina. Es Dios que viene en auxilio de los seres humanos y, como en tantas otras ocasiones en nuestra bimilenaria historia, suscita en el seno de la Iglesia movimientos que, mostrando la riquísima pluralidad eclesial, |
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contribuyen desde la comunión con Pedro y bajo Pedro a la gran misión de la Iglesia: anunciar al Señor Jesús al mundo, invitando a la transformación del hombre y de las realidades terrenas según el divino Plan. Beatísimo Padre, con inmensa gratitud por sus muy apreciadas enseñanzas y por su aliento tan entusiasta, los integrantes de los movimientos eclesiales y de las nuevas comunidades hemos de sentirnos, a pesar de nuestra fragilidad, impulsados a un mayor compromiso en la Nueva Evangelización, avivando el ímpetu por la coherencia y el ardor testimonial en la Iglesia, buscando nuevos y audaces métodos y expresiones para anunciar a Cristo y sus enseñanzas, desde la experiencia de quien ha escuchado Su llamado, ha oído Su voz y se ha abierto a Él en un encuentro vital, dando testimonio, según nos sea concedido por el Espíritu, de la fe, la esperanza y la caridad hasta los confines de la tierra y en todas las realidades de la humanidad. Con corazón profundamente agradecido, Beatísimo Padre, le decimos: ¡Ayúdenos a seguir el camino de Cristo! ¡Guíenos! ¡Confírmenos en la fe! Muchísimas gracias por todo. |
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